VULNERABILIDAD, UN COMPONENTE ESENCIAL PARA UN BUEN STORYTELLING

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Escrito por:

Skywalker Payne

Fecha:

2015-10-12

Como ya lo he dicho, uno de los principales fines del storytelling es lograr sintonizar a las personas en nuestra misma frecuencia personal o corporativa.  Hacerlos entender a qué le apostamos y cuál es nuestra posición en y ante el mundo. El ser vulnerables es un elemento esencial para lograr esto.   

Vivimos en un mundo acelerado, y son pocos los momentos en que experimentamos plena consciencia, por eso, otro de nuestros deberes como storytellers es crear narrativas que obliguen a nuestra audiencia a ver el mundo de una manera distinta; lograr que  experimenten  de la vida de forma  más consciente.  

Creemos que nos interesa saber cuáles son los títulos y credenciales de una persona, pero la verdad queremos saber de dónde vienen, que experiencias los han moldeado a través de la vida para llegar a ser lo que son hoy en día, y no hay nada mejor que enfrentarnos ante una historia para lograrlo.  

“Si las personas saben que te motiva, sabrán

cómo establecer una relación contigo” 

- Michael Margolis -

 

En el siguiente escrito, la storyteller Skywalker Payne nos cuenta una Hermosa historia de cómo las historias han influenciado su vida y definido su carrera como storyteller.  El texto tiene valiosos puntos sobre los cuales reflexionar, y lo más importante de todo nos acerca a Skywalker, porque ella se conecta con nosotros  cuando se presenta ante el mundo tal cual como es.     

 

CÓMO ME CONVERTÍ EN LA STORYTELLER SKYWALKER– PARTE 2

 

Nuestras vidas son historias que nos contamos a nosotros mismos.  La mayoría de las veces estamos tan involucrados en nuestras historias, que no pensamos acerca de ellas como historias.  “Esta es mi vida” y es un asunto muy serio.  Pero, si nos alejamos de nuestro apego hacia nuestras acciones y miedos de cómo somos vistos, sabremos cuáles son las historias que nos hemos contado para crear quienes somos. 

Comenzamos a contar historias cuando somos niños.  Algunas veces es nuestra imaginación y otras solo como nos vemos en el mundo.  Una de las historias acerca de mí, que siempre le gustaba contar a mi mamá ocurrió cuando tenía tres años.  Fue a mediados de los 50 cuando vivíamos en Mobile, Alabama.

Un día estábamos viendo una presentación de un baile de la escuela local en televisión.  A esa temprana edad, yo sabía lo que quería hacer. Me volví hacía mi mamá y le dije “Quiero ir a bailar a esa escuela”. 

Mamá me dijo gentilmente, “Cariño, tú no puedes ir a esa escuela, es para niñas blancas”

Miré el color de mi piel y miré a las niñas en el televisor y dije, “Yo soy blanca”

Por xtraño que parezca, esa historia siempre ha permanecido conmigo. No es que yo nunca haya pensado ser blanca.  Me identifico como negra.  Mi identidad racial ha sido cuestionada a lo largo de mi vida. Mi piel es de un color claro. Ha habido personas que me han preguntado si era de otro país o Nativa Americana.  Siempre sonrió y le digo, “Soy negra y nací en Estados Unidos”.  Por supuesto tengo una historia de por qué me llamo negra.  

Conocí a Gwendolyn Brooks, la primera poetisa negra que ganó un premio Pulitzer, varias veces, en diferentes ciudades en un lapso de décadas.  La última vez que la vi hablar, fue en una presentación en Denver, Colorado, a sus 80 años de edad. 

Ella dijo, “Me llamo a mí misma negra en vez de Afro-Americana.  Ser negro es ser universal. Cada grupo cultural, racial o étnico tiene personas negras. Algunas veces en realidad somos negros o nuestra piel es oscura.  En otras ocasiones somos los parias, la oveja negra, aquellos que no encajan, sin importar cuanto lo tratemos.  Somos aquellos que no aceptamos el estado de los eventos, que siempre realizan preguntas que nadie quiere escuchar”. 

Sentí que su descripción me encajaba perfecto.  Siempre me he sentido como una intrusa. Nunca  pase más de dos años en una escuela, posiblemente por haber nacido en una familia de la fuerza aérea, así que nunca tuve la oportunidad de desarrollar amistades de largo plazo.  Tal vez por eso me convertí en escritora y storyteller.

En tercer grado escribí mi primera historia de manera consciente.  Había grapado varias hojas de papel de construcción, escrito e ilustrado mi primer libro.  Incluía una historia acerca de una niña pobre que asistía al nacimiento de Jesús, y un poema sobre la primavera.

En los momentos de juego con mis hermanas, mi storytelling tomó un rumbo hacia lo teatral. Por años fuimos las “Mujercitas” porque fue un libro que leí y trataba sobre cuatro hermanas. Cuando nos mudamos a Ciudad de Panamá, y teníamos un gran jardín donde jugar en los veranos calurosos, nos convertimos en la familia Cartwright, porque nos gustaba el show de Televisión “Bonanza”. No tuvimos ningún conflicto pretender ser tres hermanos.  Lo divertido era ser vaqueros.  

En quinto grado el Storytelling floreció en mi vida.  Leí “El Diario de Ana Frank” y comencé a llevar uno.  Ese fue el comienzo de mi hábito de escribir acerca de mis más profundos sentimientos, cuando sentía que no había alguien cercano con quien compartir mis pensamientos y sueños. 

Escribir a diario me inspiró a escribir historias.  Una trató sobre una niña y niño pequeños, que un día nadaban en la playa.  Una corriente fuerte los arrastró y jaló hacia lo profundo. Cuando aterrizaron en el fondo del mar, en una hermosa ciudad, ellos se sorprendieron de que podían respirar. 

Conocieron a los amables y amigables rey y reina, quienes los invitaron a quedarse en la ciudad submarina, pero el niño estaba asustado y quería regresar a casa.  Los habitantes del mundo submarino les dijeron que podían volver cuando quisiera.  Eventualmente la niña lo hizo. 

No tenía amigos con quien compartir mí historia, ni forma alguna de imprimirla.  Nadie me alentó a continuar escribiendo historias, así que continué creando historias en mi mente por la noche, mientras me dormía.  Solo hasta la escuela secundaria compartí una historia original con otros.

En mí último año, en la competencia de talento para el concurso Miss Junior, creé una historia de una pequeña niña que quería marchar en el desfile.  La  historia terminaba conmigo realizando una danza original de la melodía “76 tombrones”, del musical The music man.  No sabía que 10 años después iba a danzar y compartir historias en muchos escenarios, ciudades y pueblos a lo largo de Estados Unidos.  

 

***** 

 

VULNERABILITY, A KEY ELEMENT FOR GOOD STORYTELLING

 

Like I said before, one of the main purposes of storytelling is to tune people in to your same personal or corporate frequency; make them understand what do you stand for and what´s your position in and towards the world; being vulnerable is an essential element to achieve this.  

We live in an accelerated world, and few are the moments when we are fully conscious; that´s why another duty we have as storytellers is the creation of narratives that obliges our audience to see the world in a different way, to get them to experience life more consciously.    

We think that we´re interested in knowing about the titles and credentials of people, but in fact what we want to know is where they come from and what experiences have molded them to become who they are today; there´s no better way to do that than to confront ourselves with a story.   

If people knows what motivates you they´ll

know how to be in relationship with you.

- Michael Margolis - 

 

In the Next piece “How I became Skywalker Storyteller – Part 2” Storyteller Skywalker Payne tell us a beautiful story about how stories have influenced her life since she was little, and how they have defined her career as a storyteller.  The piece has valuable insights to reflect about, but most importantly it get us close to Skywalker, because she connects with us, when presenting herself to the world like she really is.     

 

HOW I BECAME SKYWALKER STORYTELLER – PART 2

 

Our lives are stories we tell ourselves. Most often we are so involved in our stories, we don´t think of them as stories. “This is my life.” And it is a very serious affair. But, if we step away from our attachment to our actions and our fears of how we are seen, we will see the stories we´ve told ourselves to create who we are.

We start telling stories when we´re children. Sometimes it´s our imagination and sometimes it´s just how we see ourselves in the world. One of the stories my mother always loved to tell about me was when I was three years old.  It was the mid-1950s and we lived in Mobile, Alabama. 

One day we were watching a local dance school performance on TV. At that early age, I knew what I wanted to do. I turned to Mama and said, “I want to go to that dance school.”

Mama gently said, “Honey, you can´t go to that school. It´s for white girls.”

I looked at my skin and looked at the girls on TV and said, “I´m white.”

Oddly enough, that story stuck with me. Not that I ever thought of myself as white. I identify as black. But my racial identity has been questioned throughout my life. My skin is light colored. I´ve had people ask me if I was from another country or Native American. I always smile and say, “I´m black and was born in the USA.” Of course, I have a story of why I call myself black.

I met Gwendolyn Brooks, the first black female poet to win the Pulitzer Prize, several times in different cities over a span of decades. The last time I saw her speak was when she was in her eighties, giving a presentation in Denver, Colorado. 

She said, "I call myself black instead of Afro-American. To be black is to be universal. Every cultural, racial, or ethnic group has its black people. Sometimes we´re actually black or dark skin colored. Other times, we are the outcasts, the black sheep, the ones who just don´t fit in, no matter how hard we try. We are the ones who never accept the status quo, who always ask the questions no one wants to hear."

I feel her description fits me perfectly. I´ve always felt myself an outsider. Possibly growing up in an Air Force family, I never spent more than two years in any one school, so didn´t have the opportunity to develop lasting friendships.  And maybe that´s why I became a writer and storyteller.

The first story I consciously wrote was when I was in third grade. I stapled together several sheets of construction paper, wrote, and illustrated my first book.  It included a story about a poor little girl coming upon the birth of Jesus and a poem about spring. 

My storytelling took a theatrical turn with my sisters in our playtime. For years we were the Little Women because it was a book about four sisters I read. When we moved to Panama City, Florida and had a large backyard to play in on hot summer days, we became the Cartwright family because we liked the TV show Bonanza. We didn´t see any conflict pretending to be three brothers. The fun was being cowboys.

In fifth grade writing and storytelling blossomed for me. I read The Diary of Anne Frank and began keeping a diary.  That was the beginning of my habit of writing about my deepest feelings when I didn´t feel close enough to anyone to share my thoughts and dreams.

Diary writing inspired me to write stories. One was about a little girl and boy. One day they were swimming at the beach. A strong current pulled them deep under the water. They are amazed that they could breathe when they landed at the bottom of the water standing in a beautiful city.

They meet the kind and friendly king and queen who invite both of the children to stay in the underwater city. But the little boy was afraid and wanted to return home. The underwater people told the children to come back at any time. Eventually the little girl did. 

I had no friends to share my story with, no outlets to print it, no one encouraging me to keep writing stories. So, I continued to create stories at night in my mind to put myself to sleep. Not until high school did I share an original story with others. 

My senior year, in the talent competition for the Junior Miss Contest, I created a story of a little girl who wanted to march in the parade.  The story ended with me performing an original dance to the tune “76 Trombones” from the musical The Music Man. I didn´t know then years later I would share stories and dance on many stages in cities and towns across the USA.